Un lento girar de la noria, me devuelve al abismo,
del que formé parte, es es mi único camino,
no un camino al cielo, ni una salvación,
sino el no encontrar consuelo, de sensaciones tengo anhelo...
Léelo, aunque cueste creerlo, creetelo,
no sabrás que estoy diciendo, pero, entiéndelo
intenta comprenderlo, y quizás un día enfermo
comprenderás lo que yo pienso...
El amor sin sufrimiento no vale una mierda,
lo sé de propia experiencia, que nadie sostenga
que se puede ser feliz sin que mi alma venda,
a la mujer que yo quiero, haré esa ofrenda...
A veces, la oscuridad nos atrapa,
y el engaño de la misma nos hunde, pero
la verdad es otra, nuestro corazón se funde
al de esa niña por la que cunde nuestra prosa,
o en mi caso, un verso a la deriva,
que navegando sin iniciativa,
camina sin rumbo fijo, sin quien la dirija
sin un esquema, pero con dulzura,
sin ser salvaje, es mi cura,
mi bagaje, a estas alturas,
no hay quien se raje, y tus cinturas,
y su paraje, una escultura,
pero mi viaje, en mi lectura,
se terminó hace tiempo,
como mi literatura,
corrió más bien lento,
y se paró con mesura,
como quien flota en el viento,
y la herida curada y dura,
se abrió de sentimiento,
y en vez de sangre y lamento,
brotaron alegría y ternura,
y estos versos de arrepentimiento,
no se pueden comparar ni al uno por ciento,
a lo que para mi es tu hermosura...
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